martes, 3 de noviembre de 2015

POLÍTICA DE LA NATALIDAD CHINA

Después de más de tres décadas de vigencia, China ha puesto fin el pasado jueves a la política del hijo único, ideada en su momento para frenar la superpoblación que sufre el país. Antes de este cambio, sólo se podía tener dos hijos si ambos padres, eran hijos únicos. Pero este control de la natalidad nunca ha sido tan estricto en el mundo rural, donde los campesinos pueden tener otro hijo si su primer bebé es una niña. Sus familias se veían obligadas a pagar cuantiosas multas a las autoridades y, en muchos casos, el poder no reconoce a esos hijos. Esa falta de identidad oficial hace que no tengan derecho a ninguno de los servicios y prestaciones públicas que ofrece el Gobierno.
Desde finales de 2013, las autoridades empezaron a permitir que las parejas tuvieran dos vástagos cuando uno de los cónyuges era, a su vez, hijo único. A partir de entonces ambos hijos podrían tener todos los derechos necesarios y ser reconocidos por el gobierno.
Por un lado, es lógico que se hubieran tomado medidas para controlar los nacimientos  para evitar el punto de superpoblación. Pero, también tenían que haber previsto el riesgo del envejecimiento que es el problema al que ahora se tienen que enfrentar. Teniendo en cuenta que las parejas chinas actuales, al igual que en occidente, tienden a tener uno o dos hijos como máximo porque ambos trabajan o porque el ritmo de vida y encarecimiento ha aumentado, hace que el problema sea más grande.
En cuanto a la medida que excluía al segundo hijo de los derechos básicos, estoy totalmente en contra. Es injusto y va en contra de los derechos básicos humanos privar a nadie de salud y educación. No puedo imaginar que alguien que esté vivo, solamente por nacer en segundo lugar y bajo una medida tan estricta, no tenga identidad.

Maitane Urcullu Garay

PROYECTO ARA, EL SMARTPHONE MODULAR

noviembre 2015
Proyecto Ara
EL SMARTPHONE MODULAR, ¿FIN DE LA OBSOLESCENCIA TELEFÓNICA?



LA NUEVA PROPUESTA DEL GIGANTE GOOGLE LUCHA POR ACABAR CON EL CONSUMISMO DE TELÉFONOS MÓVILES: DISTINTOS ENFOQUES

por Ander Montaño


¿Cuántas veces el teléfono móvil se ha quedado sin espacio de almacenamiento? ¿Cuántas veces no hemos podido tomar fotografías de calidad porque los megapíxeles de la cámara no dan de sí? Y el problema pasa a ser definitivo cuando se queda obsoleto y se estanca cada dos minutos. Entonces, es cuando nos planteamos comprar uno nuevo. ¿Es realmente necesario? ¿Y si actualizáramos los componentes necesarios para que nuestro dispositivo rindiese al máximo, mientras vemos un vídeo en YouTube?


En 2013, Google anunció la puesta en marcha de su nuevo I+D, el llamado Proyecto Ara, que tenía como objetivo desarrollar un smartphone modular, es decir, personalizable. Consiste en la posibilidad de que los usuarios, sobre una estructura en forma de marco, podamos configurar nosotros mismos nuestros propios terminales a base de pequeños componentes, como si de piezas de Lego se tratasen. Estas reciben el nombre de módulos y dispondrán de una gran variedad de pantallas, teclados, baterías, procesadores, tarjetas gráficas, cámaras… consiguiendo así que se ajuste a las necesidades de cada propietario.

Mis primeras impresiones sobre este nuevo proyecto revolucionario apuntan hacia una posible “cura” de la obsolescencia programada, en concreto de estos aparatos nos quitan la vida y, en ocasiones, nos la atormentan. Y es que no queremos gastarnos 300€ cada año en un móvil que volverá a dejar de funcionar correctamente, haciendo necesaria otra nueva inversión. No, Google tampoco quiere que cambiemos de móvil continuamente, pero sí de piezas.

Como suele ocurrir siempre que alguien trata de aportar sus avances, surgen grupos de personas que tratan de boicotearlos. Estos, nada más lejos de la realidad, podrían sostener que no es más que un plan de Google para monopolizar este gran mercado. Por el contrario, la compañía ha creado una arquitectura abierta precisamente para que los fabricantes puedan desarrollar módulos adicionales para los teléfonos, fomentando la competencia y, con lo consecuente, haciendo que los precios nos resulten más atractivos a los usuarios.

¿Es posible imaginar una sociedad en la que dejásemos de usar móviles de usar y tirar y comenzásemos a reducir nuestro propio consumo? Otro punto de vista parte de ver el Proyecto Ara como una iniciativa de ahorro. Menos móviles igual a minimización de recursos electrónicos, ya que el coltán con el que son fabricados no es precisamente inagotable. Nos centraríamos en abastecernos solamente de la parte justa que nos hace falta, creando una sociedad de mentalidad menos consumista y más ecológica.

Uno de los primeros recuerdos de injusticia en el mundo que tengo, es cuando escuché que los distribuidores internacionales y contrabandistas se enriquecen a costa del coltán, mientras miles de niños y niñas abandonan sus escuelas para obtener aproximadamente 4€ por kilogramo, cuando realmente está valorado en casi 500€. Es un mineral extremadamente escaso y se encuentra repartido por el planeta en un porcentaje del 0,25% por kilómetro cuadrado. Y sí, también es la piedra a partir de la que están fabricados cada uno de nuestros móviles.

De ahí surge la idea de austeridad con la que mantengo que el gigante de las búsquedas ha dado pie a esta propuesta. El Proyecto Ara no es solo un terminal personalizable a gusto del consumidor, sino una alternativa más sostenible al devastador mercado telefónico que está llevando a cabo el agotamiento de los recursos naturales del planeta, proceso del cual pronto será demasiado tarde para sentirnos responsables.